Islandia II

Después de una semana intensa de viaje   de viaje dejamos Höfn para dirigirnos hacia los fiordos del este. Poco a poco el tiempo fue cambiando según avanzábamos por carreteras semi asfaltadas y durante varias horas nuestra única compañía fue la lluvia.

Nuestra primera parada fue en Eskijordur, donde aprovechamos para reponer fuerzas y conectarnos con el mundo exterior. Lo malo de estos países es que un café te cuesta aproximadamente lo mismo que un solomillo de buey, lo bueno de estos países es que al menos te dejan descansar en sus cafeterías el tiempo suficiente para poder recargar el móvil, limpiarte los dientes, etc. Nos faltó ducharnos…

El segundo fiordo que visitamos fue Miolfiordur, que según me chivó Xabi, significa fiordo estrecho. En este fiordo de 18 kilometros de longitud, viven aproximadamente unas 40 personas. Como os podréis imaginar, esta gente se dedica principalmente a la pesca y al turismo.

Durante varios días, nos hospedamos en la casita de una pareja encantadora que encontramos en AirBNB. Elnar y su novia nos trataron de maravilla (yo creo que nos los ganamos haciéndoles una tortilla de patata) y desde su casa situada en Neskaupstadur, visitamos algunos de los pueblos pesqueros de la zona. Un pescador majisimo (el canoso del que podéis ver un retrato abajo) nos regaló un bakalao de tres kilos que hizo que se nos saltarán las lagrimas…

Poco a poco fue mejorando el tiempo y volvimos a ver el sol. Seguimos viendo pueblitos como el de Seydisfjordur o aldeas como la de Brekkuborp. Retomamos nuestro idilio con los sandwiches de jamón y queso y descubrimos un yogurt que por menos de 1 € te daba combustible para al menos 300 kilómetros (además de servir perfectamente como remplazo del cemento armado).

Una vez acabamos nuestro periplo por los fiordos, fuimos alternando paisajes semidesérticos con parajes costeros. Lo realmente increíble de este país es que desde que ves a una persona hasta que te vuelves a encontrar con presencia humana  parece que has cambiado como cinco veces de continente.

Poco a poco nos fuimos reencontrando con la costa. Se acercaba nuestra última semana de vacaciones y ya pensábamos que era imposible que Islandia nos sorprendiera, sin embargo, como veréis en nuestra próxima post, todavía nos quedaba lo mejor por descubrir.

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